viernes, 10 de mayo de 2013

Análisis de los impactos del proyecto de Renovación Urbana del CAN




Posición de la Representación Profesoral a los cuerpos Colegiados- Sede Bogotá
Ponente: Alonso Correa Toro
Intervengo un tanto cohibido frente a las consideraciones meramente técnicas. La relación entre la disponibilidad de metros de zona verde y recreativa por número de habitantes que en Bogotá es sólo de 4 ms2 frente a 16 ms2 de horizonte deseable en la mayoría de ciudades; preguntarse si los predios del CAN son absolutamente  imprescindibles para el desarrollo urbano de la capital, considerar si para un exitoso "cierre financiero" del proyecto de renovación urbana se requiere de los predios de la UN, son asuntos que -seguramente- serán abordados en extenso por los especialistas. Ciertamente, en la discusión cuentan mucho aspectos del manejo de urbanistas, financistas e ingenieros catastrales, pero esos aspectos no condensan todos los elemento de juicio, porque hay aspectos históricos, legales, patrimoniales, políticos, de visión del desarrollo, estéticas, que convierten en multidisciplinaria esta discusión. No es gratuito que el escenario donde se define un POT  sea político, allí se discuten los intereses de los pobladores, las visiones de ciudad y los intereses económicos en juego.


Probablemente -hasta el momento- en la discusión del plan de renovación urbana del CAN, la visión de la Universidad Nacional haya sido tenida como una voz menor. Pero para algo debe contar su "autonomía", como atribución constitucional, y en todo caso hay que salirle al paso a la pretensión de que  como "entidad oficial" se la puede marginar, intentando asimilar automáticamente  sus razones a las del "interés general" en la versión de los funcionarios interesados. Un decreto Presidencial no borra una tradición de pensamiento  crítico. El asesor presidencial, el Secretario de Planeación Distrital, el Concejo Distrital deben estar advertidos de las consideraciones e intereses de los moradores dela Ciudad Blanca. Porque al igual que el barrio La Esmeralda,  el Salitre,  el Greco,  la Ciudad Blanca no es un espacio urbano deshabitado, cuenta con más memoria e identidad que la mayor parte del espacio urbano y sus dolientes pueden sumar varias generaciones de intelectuales colombianos. Así que la Representación Profesoral planteará otros énfasis.
1. Explicitaremos la especial importancia que el asunto tiene para una comunidad que cuenta con sobrados argumentos para no aceptar pasivamente la propuesta gubernamental. Esto puede ilustrarse con  un evento del pasado Consejo Académico, sesión del 19 de Abril, que discurrió con especial celeridad y cuando estaba a punto de dar por terminada la sesión, un Representante Estudiantil solicitó aclarar tres asuntos: a. posición de la universidad  respecto al proyecto de Renovación Urbana-CAN; b. dilucidar la conexión del asunto con el cambio de Vicerrectora de sede; c. aclarar la posición al respecto del recién nombrado Vicerrector de sede. Estas inquietudes suscitaron un animado intercambio de palabras entre el estudiante y el Rector; el profesor Mantilla adujo que el asunto ya se había tratado, que el Representante no podía manejarle la agenda, que había que preguntar a las personas mencionadas. Pero como el asunto sólo se había tocado informando de la realización del presente foro, enfatizando como aspecto de interés el considerar "la conveniencia del proyecto para la ciudad en lo atinente a lo urbanístico, la movilidad y el espacio público", el Representante Profesoral, aclaró qué fue lo informado y reiteró que el asunto preocupaba mucho a los universitarios, especialmente cuando el recién nombrado Vicerrector había sido funcionario de una de las empresa interesadas en el proyecto. El Presidente del Consejo adujo que esos eran "juicios de valor", se levantó y desde la puerta invitó a ocuparse de asuntos más gratos, como el dar paso al almuerzo.
Por esto  es ineludible examinar si los asuntos sugeridos por la Representación Estudiantil son de trascendencia en la definición de las políticas universitarias, preguntándose de paso por qué la dirección universitaria le ha dado un manejo pausado y lento. Manejo que parece sustentarse en que lo procedente y científico es atender principalmente a consideraciones técnicas, a cuyo efecto se acude a asesores que ya tuvieron relación con el tema cuando participaron de un proyecto de asesoría para elaborar el Plan de Regularización y Manejo (PRM)  del CAN. Pero lo significativo es que ese proyecto, a pesar de su segura versatilidad técnica, ahora reposa en los anaqueles,  pues "las instituciones involucradas desistieron de su trámite ante la Secretaría de Planeación Distrital, una vez el gobierno nacional anunció su decisión de realizar un proyecto de renovación urbana al comenzar la administración Santos". Quiere que una decisión política inconsulta, invalidó todo un trabajo técnico, sin que ello sea óbice para que se pagaran los consabidos contratos de asesoría a los profesores participantes.
Ahondando en consideraciones políticas, no puede desapercibirse que según el Secretario de Planeación Distrital, tenía un especial simbolismo que la UN se pronunciará con urgencia respecto al carácter que le atribuía a su campus. Pero ya se señaló que la dirección universitaria opta por esperar a la opinión de expertos y consultores y hasta congeló el trabajo que lideraba la anterior Vicerrectora para que la Ciudad Blanca fuera declarada patrimonio urbano. En una discusión con peso decisivo de lo político y del pulso entre poderes, colocando sobre la mesa las consideraciones y los propios intereses, según se extrae de los  intereses financieros interpuestos a través de la Casa de Nariño, la dirección universitaria hace otro tipo de lectura y aplaza una toma de posición, escudándose en razones técnicas.
 Pero ¿cómo se puede explicar, si no por la pronta reacción de sus moradores, que un Decreto Presidencial diera otro tratamiento a los habitantes de La Esmeralda?. Entonces, hay que tener ojo avizor respecto a quién beneficia el lucro de la plusvalía generado por la valorización de una área urbana que ahora se hace más neurálgica, gracias a obras realizadas con  pagos del impuesto predial y de  valorización. Hay que procurar que el beneficio redunde para los moradores, la ciudadanía y la comunidad universitaria. Hay que evitar que los intereses financieros se oculten bajo equívocas lecturas del supuesto "interés general".
De otra parte, destacamos que el profesor Diego Hernández debe enorgullecerse de su brillante trayectoria laboral que incluye trabajos en la organización Sarmiento Angulo y que como profesor tiene completa  libertad para sustentar las opiniones que considere más convenientes respecto a asuntos como el que nos ocupa. Pero simplemente, ahora que tiene tanta incidencia en las decisiones universitarias en su condición de Vicerrector de la Sede, debe ofrecer una explicación respecto a  por qué, cuando el asunto del CAN no era muy conocido entre la comunidad universitaria, incluyó dentro de su programa de aspiración a Rector, una especie de adhesión de la UN al programa de renovación urbana. Igualmente, dado que el profesor Hernández no se autoerigió en Vicerrector de la sede, debe ser el Rector quien responda por qué, estando informado de lo que pensaba el profesor Hernández sobre el asunto, optó voluntariamente por nombrarlo como vicerrector de la sede afectada por el mencionado proyecto. Estas respuestas no pueden eludirse pretextando que son "juicios de valor", esperando que exista tanta ingenuidad entre los auditorios de universitarios.
2. La Ciudad Blanca tiene historia y es símbolo histórico. Es destacada enseña de las reformas nacionales y sociales adelantadas por la "revolución en marcha". Al desmembrarla, al romper la idea de la universidad unitaria, laica, heterogénea y científica, ¿no se mancillan aspectos del ideario de construcción de nacionalidad?. Este es el sentido patrimonial de la Ciudad Blanca, pero mientras, por ejemplo, los predios de la UNAM constituyen un símbolo intocable de la construcción de la historia Mexicana, aquí se pretende construir historia sin recato de intercambiar la memoria por el lucro  
3. Además para los universitarios el tema puede alcanzar dimensiones éticas, según dos aristas. Una versa sobre la "puerta giratoria",  consuetudinaria en un país en que los ejecutivos del sector privado muy rápidamente son incorporados como altos funcionarios de la administración pública, caso de antiguos servidores de la organización AVAL que hoy se desempeñan como importantísimos funcionarios públicos. Se da un muy rápido tránsito, que deja dudas acerca de si se ha contado con la oportunidad de decantar las diferencias entre las lógicas privadas y las lógicas públicas. Procedimiento giratorio que constituye una forma privilegiada de encubrir el "interés particular" con el manto del "interés general". Expediente con el que los intereses del capital financiero alcanzan una visibilidad y representación política que difícilmente tienen los intereses de las comunidades residentes o la comunidad universitaria. Véase como, según se le escuchó a un exdirectivo de esta universidad, produce tristeza que en una de las pocas oportunidades en que la Universidad fue convocada al palacio de Nariño, no se la llamó a tratar de sus proyectos académicos estratégicos o de su crisis de infraestructura, si no que se la hizo escuchar una propuesta que rotulaba de "ayuda" la parcelación de su patrimonio predial; como si por el contrario, una universidad dinámica, en la era del conocimiento, no estuviera urgida por expandirse. También, según declaraciones de un funcionario Distrital,  las discusiones en el palacio de los presidentes, en torno al destino de la ciudad parecen circunscribirse a un trueque: "me apoya el plan del CAN y yo apoyo sus iniciativas urbanas"; y que un aspecto importante de ese debate se sesgó hacia si el cierre de la rentabilidad financiera del proyecto dependía de una exención en el pago de valorización. Con estos elementos de juicio, ¿cuál podrá ser el peso de los argumentos expresamente técnicos?, ¿se está frente a una decisión racional que se sustenta en las principales conveniencias para la ciudad ó se está frente a un escueto pulso de poderes en que a la UN se la trata como un apostador menor?
Ya la UN le había hecho un buen gesto a "la ciudad", al ceder parte de su área perimetral sin exigir contraprestación evidente, según aprobación del CSU. Pero, así como los bogotanos contribuyen con sus impuestos a realizar obras que terminan desplazándolos del centro, pero que generan enormes plusvalías a interesados más avisados y con mayor poder,  igualmente la UN obsequió parte de sus espacios para permitir obras que ahora son la justificación de proyectos que contemplan su desplazamiento a sitios como Marengo. Definitivamente lo público puede ser muy efímero, mientras lo financiero y el negocio inmobiliario puede resultar avasallante, si no emergen otros argumentos de razón ciudadana, es decir si no se plasman lo que pueden ser verdaderos contenidos del "interés general".
La otra arista versa sobre el procedimiento para encarar la crisis financiera de la UN. Estudiantes, padres de familia y profesores, salen a las calles, soportan aguaceros, reclamando un trato a la educación no como servicio sino como derecho, de manera que el financiamiento de la educación y la investigación sea  responsabilidad del Estado. Mientras que hay quienes ven en la presente coyuntura "más que una amenaza una oportunidad"; en consecuencia, optan por calcular el valor de cada M2 de la Ciudad Blanca, aceleran el "diseño" de lo  que se hará con la indemnización recibida por la demolición de edificios, omitiendo por completo la memoria histórica que albergan. Cálculos en mano, ya abrazados por la exclusiva lógica del negocio, sugieren que la acción más conveniente y ante todo realista es aceptar la enajenación del patrimonio universitario ("del riñón" según mención de un exrector),  y miran con desdén a quienes hablan de la preservación.
Así, ante la falta de financiamiento estatal se opta por aprovechar "la oportunidad" de ceder unos bienes y construir otros supuestamente   más modernos y asépticos. De esta manera avanza la lógica -que ya casi es cultura- del autofinanciamiento y la venta de servicios, adoptada por quienes proclaman que la U necesita de gerentes que sustituyan a la comunidad académica, sin importar si esos gerentes son los que dejen expuesta a la universidad ante la presión del capital financiero. Ya se presenta esa lógica como si fuera la lógica de la vida, justificada a título del realismo en el manejo de los asuntos universitarios. Por esto, el presente  debate tiene tanta incidencia en la cultura universitaria. No nos podemos resignar a que las decisiones se adopten sin previamente ser discutidas. En todo caso, no guardaremos silencio.
4. También se enfrentan visiones políticas antagónicas. Un sector universitario puja por declarar el patrimonio de la Universidad  como inembargable y darle una significación y uso al campus universitario  en sintonía con los intereses universitarios, de los bogotanos y de la nación. Otro sector opta por una lógica adaptativa, que hoy ya cuenta con el libreto predecible que describiremos. Inicialmente  al asunto hoy debatido se le da un bajo perfil. Tal vez  esperando a que los políticos bogotanos pacten las decisiones que hagan del futuro del campus algo irreversible; la discusión sobre el POT se inicia hoy 2 de mayo, sin que se conozca por parte de la UN la posición respecto al carácter que espera le sea reconocido en ese POT, pese a que se conoce que en la propuesta se incluye la clínica Santa Rosa, la unidad Camilo Torres y Gorgona como áreas de "edifacibilidad resultante" y "actividad económica intensiva". Tal vez por que se considera  que las decisiones son meramente técnicas, se desdeña la búsqueda de aliados políticos y de quienes trastoquen  esa decisión en otra de interés  público. Se enfatiza la atención al supuesto interés general de la ciudad, pero restringiéndolo a aspectos exclusivos de la "circularidad", la "densificación", etc. También, como lo advirtiera Alfredo Molano, se práctica la lección de quienes adquieren casas viejas en la Candelaria, aceleran su deterioro con el abandono y finalmente las exhiben como irrecuperables. Cuando ya sea irreal hablar de la preservación de bienes ya extintos, la lógica no puede ser otra que la inexorablemente financiera. Cuánto vale, de cuánto se dispone, cuál es la forma más rápida y efectiva de financiarnos. Los agiotistas podrán entonces exhibirse bajo el caparazón de salvadores. El realismo permitirá la relajación de los espíritus y las concesiones hechas permitirán que apoteósicamente se emprendan nuevas construcciones. Afloraran las comparsas de los beneficiarios: quiénes hacen los estudios, cuáles serán los contratistas de obra, a quienes -como premio seco- se les convierte en beneficiarios de los nuevos espacios. Habrá cierto clientelismo arquitectónico, que permita a quienes negociaron el patrimonio reclamar el trato de benefactores. Esperemos que no sea esta lógica y accionar el que imponga. La puja ética, política y socio-urbanística está planteada; y no se nos excusará si en el momento oportuno no intentamos  poner en evidencia cuál fue el libreto de los responsables de la decisión.          
5. El construir hoteles o apartamentos para el estrato 8, no es la única forma de maximizar la rentabilidad de estos predios. Las ciudades en el mundo entero no sólo están hechas de oficinas y edificios rentables para los constructores y el sector financiero. La rentabilidad -mejor decir la eficiencia del uso y la sustentabilidad- de lo urbanístico, no puede reducirse al valor de lo predial y financiero; puede optarse también por lo social, lo ambiental, lo patrimonial y la calidad de vida. La arquitectura y el urbanismo, pueden generar alternativas.
La ciudad requiere más pulmones, pero curiosamente  se habla de inversiones millonarias y no hay cantidades mínimas para reforestar este campus y los árboles siguen siendo declarados vestigios del atraso. Los bogotanos requieren gozar del patrimonio arquitectónico albergado en la Ciudad Blanca y tener oportunidades semejantes a las de indígenas que estos días se alborozaban tomando fotos a la madrina yegüeriza de la UN, pero hay quienes -tachándonos de incultos y atrasados- se empeñan en hacernos creer que el único éxtasis deriva del contemplar construcciones de más de 20 pisos o de imaginar la manera cómo viven los futuros residentes del CAN y de Gorgona; por esto dijimos que el debate también es estético y de visiones de ciudad. La ciudad necesita espacios recreativos y  auditorios para que los colegios públicos desarrollen sus asambleas y festejen la promoción de su bachilleres y tecnólogos; requiere bibliotecas donde hacer las tareas los fines de semana, pero se impide el acceso a la Ciudad Blanca con la excusa de que no hay con qué pagar los porteros, y aún así  se nos habla de un uso eficiente de los espacios públicos. Bogotá requiere  más corazones culturales y recreativos, proyecto para el cual la ciudad universitaria es un acumulado de enorme ahorro en bienes patrimoniales y prediales, pero la imaginación de los urbanistas y planificadores prefiere orientarse hacia  otros horizontes.
Por esto es concebible proponer al gobierno nacional y distrital la declaratoria como patrimonio cultural y arquitectónico de todo el campus. Pero rescatando el sentido de un campus ampliado, que desborde la malla e integre el campus a la ciudad. En el mismo sentido Bogotá requiere de un hospital universitario y un centro de investigación y desarrollo tecnológico en salud, para lo cual son  aprovechables los predios comprados por la universidad a lo que fue la clínica Santa Rosa; aquel no puede ser visto como un simple lote que se pueda vender al mejor postor, debe presentárselo como un proyecto de interés distrital y nacional, tan importante para la ciudad y el país  como el negocio de la renovación del CAN. Si se sigue adelante con el proyecto CAN, la universidad debe presentar estas iniciativas a la Presidencia de la República y la sociedad colombiana, para que se tenga otro diseño del proyecto de renovación del CAN, según la ciudad lo merece.

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