jueves, 27 de octubre de 2011

Con agresiones por parte del ESMAD terminó movilización en Medellín contra la reforma a la educación superior


En el día de ayer se hizo gala de la creatividad, recursividad y entusiasmo de los y las estudiantes de todo el país. Las muchas manifestaciones artísticas y culturales demostraron una vez más el ánimo propositivo de quienes se oponen al  actual proyecto de ley para la educación superior; ya que buscamos construir una reforma en pro de una educación gratuita, de calidad, científica y al servicio del pueblo colombiano.


La marcha que se realizó en Medellín contó con la masiva participación de miles de estudiantes que cada vez son más. Se destacó la participación de varias universidades privadas que se han ido sumando a la lucha y que están adoptando mecanismos legales para protestar y hacer sentir su voz de inconformismo, mecanismos antes desconocidos para este sector estudiantil.

Sin ningún contratiempo llegó la marcha hasta el centro administrativo La Alpujarra, para luego terminar en la Universidad de Antioquia como se ha venido haciendo en las últimas marchas. Sin embargo, ya entrada la noche y mientras se practicaban actividades deportivas y culturales dentro de la universidad –ajenas a la marcha– un grupo de encapuchados comenzó la provocación hacia el ESMAD bloqueando vías aledañas y lanzando piedras; provocaciones que fueron respondidas con gases, granadas aturdidoras y con el desalojo del campus universitario. El enfrentamiento se prolongó por algunas horas en las afueras de la universidad y dejó como saldo 20 detenidos (entre ellos menores de edad) y 5 heridos (no de gravedad), todos contaron con el acompañamiento de organizaciones de DDHH.

Hasta aquí se trató de una narración lineal de los hechos que se presentaron ayer, porque en adelante me dedicaré a denunciar los atropellos de los que fuimos víctimas quienes decidimos manifestarnos y hacer valer nuestros derechos.

Independientemente de las razones que pueda tener una persona para cubrir su rostro y expresarse de forma beligerante y pese a la “legitimidad” que cubre el uso de la fuerza por parte de la fuerza policial estatal; debe primar ante todo el hecho de que se trata de una persona, de un ser humano, de un colombiano con unos mínimos derechos reconocidos de manera universal. Dichos derechos fueron vulnerados (una vez más, ya que no se trata ni de la primera ni de la última vez que ocurrirá) en parte por el desconocimiento de quienes deben exigirlos y en parte por la forma sistemática y repetidamente inhumana en la actúa el ESMAD. No sólo se atacó a los encapuchados, de manera indiscriminada se arremetió en contra de observadores, de transeúntes, de quienes –como yo– pretendíamos documentar los hechos de manera periodística y de quienes vienen realizando un constante acompañamiento a estos procesos desde el área de los Derechos Humanos.

Deja mucho que desear el hecho de que un organismo policial (el ESMAD) en un Estado que se jacta a nivel internacional de ser precursor de los DDHH, maneje un grado tal de supuesta ignorancia frente a las leyes nacionales que no sólo “legitima” sus actuaciones –como ya se había dicho– sino que además le otorga un cierto grado de protección a los ciudadanos que estos individuos dicen defender. 

Las requisas (entiéndase manoseadas en su cuerpo) por parte de un oficial que no sea de su mismo género, las pesquisas en bienes de su propiedad (bolsos, maletines, casilleros, cámaras, vehículos, etc.) sin la respectiva orden judicial, los insultos o tratos degradantes (tanto físicos como verbales), las intimidaciones (amenazas con mentiras, la grabación incesante con cámaras, la iniquidad en el número de agentes que se le acercan, entre otros), el aislamiento y la prohibición para comunicarse.... SON ILEGALES. Ningún agente de las fuerzas amadas está autorizado para pasar por encima de lo que consagra la Constitución según los tratados sobre Derecho Internacional Humanitario ratificados por Colombia.

Este es un llamado entonces a informarse sobre sus derechos y hacerlos respetar, a conocer los límites que tiene la fuerza pública y velar porque no sean traspasados, a solidarizarse con quienes se les han vulnerado estos derechos y a denunciar todos los casos de los que tengamos conocimiento, a manifestarnos en contra del uso indebido y excesivo de la fuerza, a apoyar a quienes realizan la ardua labor de defender los Derechos Humanos, a conectarnos entre nosotros mismos para evitar desapariciones, a informar a otros sobre los alcances de la policía, a mantener números de emergencia como ONG's y oficinas jurídicas, en fin, a cuidarnos a nosotros mismos y a quienes nos acompañan en nuestra lucha.

No permitamos, por último, que estas situaciones nos desmoralicen; por el contrario, que nos sirvan con incentivo para continuar en nuestras justas reclamaciones. Manifestándonos de formas cada vez más creativas que le lleguen al grueso de la sociedad, pero cuidándonos y haciendo valer el respeto a nuestra integridad. 

Una estudiante y periodista indignada.
Prensa Universidad
Desde las aulas hacia Colombia


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